Nápoles, la ciudad que hechiza: cultura pop y pizza en la cuna de Parthenope
De la sirena Parthenope al maestro pizzaiolo del año: cómo vivir Nápoles como un partenopeo más.
Nápoles no es solo una ciudad italiana: es una sirena que atrapa a quien la mira. Así la retrata el director Paolo Sorrentino en su película Parthenope (2024), una superproducción que muestra a la capital campana como un lugar contradictorio: caótico y elegante, bello y decadente, sensual y sagrado. El título no es casual: el gentilicio culto de los napolitanos sigue siendo partenopeo, en referencia al antiguo nombre de la ciudad, Parthenope, que remite a la sirena cuyo culto se desarrolló en la zona antes de la llegada de los griegos.
Los orígenes de la actual urbe se remontan al siglo VIII a.C., cuando los griegos de Cumas fundaron una colonia en la isla donde hoy está el Castel dell’Ovo y la colina del monte Ecchia. Esa primera fundación era muy pequeña y tomó el nombre de la sirena. Para el viajero chileno, Nápoles no tiene vuelo directo desde Santiago; lo más práctico es volar a Roma y desde allí tomar un tren de alta velocidad que en poco más de una hora llega a la ciudad.
Manos a la masa con el mejor pizzaiolo del mundo
Uno de los planes más originales para descubrir Nápoles es meterse en un taller de pizza napolitana. El lugar indicado es la pizzería de Diego Vitagliano, en Vía Nuova Agnano 1, en Pozzuoli. Vitagliano abrió su primera pizzería hace diez años y revolucionó el mundo de la pizza: en 2023 fue reconocido como el mejor pizzaiolo del mundo. El taller se realiza de lunes a viernes, bajo reserva y según demanda. El secreto, según él, es la pasión, una masa de calidad e ingredientes de primera. “Las pizzas buenas deben disolverse en la boca”, explica.
Pesebres artesanales y arte subterráneo
Otra parada obligada es la tienda de presepi (pesebres) más antigua de Nápoles, el taller familiar Di Virgilio, en la popular Via San Gregorio Armeno. Desde 1830, esta saga de artesanos diseña figuras hechas a mano con la misma técnica de hace dos siglos. Si hay suerte, atiende Genny di Virgilio, maestro de cuarta generación. Cada pieza es única y refleja una tradición que es parte del ADN napolitano.
Para un plan fuera de los circuitos turísticos, conviene bajar al metro. Varias estaciones forman parte del proyecto Stazioni dell’Arte, que integra arte contemporáneo en el transporte público. La más llamativa es Toledo, con una obra del arquitecto y diseñador español Óscar Tusquets: un espectacular cráter de luz que transforma el viaje subterráneo en una experiencia visual.
Con información de El País — El Viajero



