Bodegas indígenas en California: el terroir como historia y cultura
De Sonoma a Livermore, bodegas indígenas suman historia y cultura al concepto de terroir en California.
El terroir, esa idea de que el vino expresa el lugar donde se produce, suele reducirse a suelo y clima. Pero para varias bodegas de propiedad indígena en California, el terroir incluye otra capa: la historia, la cultura y la relación de los pueblos originarios con la tierra.
Una relación que precede a la viña
Bellacana Vineyards, en el condado de Sonoma, California, pertenece a la banda Dry Creek Rancheria de indios Pomo. El nombre combina “bella” en italiano y “cana”, que significa río en Pomo del sur. Allí hay 55 hectáreas plantadas en el Valle de Alexander. Lisa Lellis, miembro tribal, dice que el viñedo es el capítulo más nuevo de una relación mucho más antigua con el lugar.
Esa relación se nota en la forma de trabajar: los Pomo usan cultivos de cobertura entre las vides y preservan la vida silvestre, los salmones y los robles nativos que alimentaron a sus ancestros. El paisaje no es solo uva; es un ecosistema con memoria.
La herida y la memoria en la misión
La historia del vino en California parte con los misioneros españoles, que plantaron las primeras viñas en la década de 1770. Pero detrás de esa historia están las manos indígenas que plantaron y cuidaron esas cepas. Chris Lobo, de Native Hands Wines, es descendiente de la banda Juaneño de indios de misión de la nación Acjachemen, cuyos antepasados construyeron la misión de San Juan Capistrano, en la ciudad homónima de California. Él mismo puede rastrear nueve generaciones en los registros de la misión.
Lobo no evita el tema: habla de la explotación y la coerción, pero también de la necesidad de precisión histórica. Sus etiquetas llevan nombres en inglés y en la lengua nativa, y representan momentos, lugares y ceremonias anteriores al contacto con los españoles.
Agricultura y símbolos que cuentan
En el valle de Capay, al noroeste de Sacramento, California, la nación Yocha Dehe Wintun opera Séka Hills. “Séka” significa azul en patwin, por las colinas de la zona. La tribu cultiva almendras, tomates, olivas, uvas y también tiene ganado, aunque no elabora vino. Son 11 hectáreas de uvas, y la gestión agrícola se decide con un comité de 15 ciudadanos tribales.
El logo de Séka Hills incorpora un patrón de cestería tradicional. Bellacana, por su parte, usa en su logo una canasta Pomo con uvas, ramas de roble y bellotas. En Cellar 13 Winery, en Livermore, California, su dueño Darin Winton, de ascendencia Cherokee, pone nombres en cheroqui a sus vinos y arte de su tío en las etiquetas.
Camins 2 Dreams, de Tara Gomez (miembro de la banda Santa Ynez de indios Chumash) y su esposa Mireia Taribó, trabaja con viñedos orgánicos, biodinámicos y regenerativos en los condados de San Benito y Santa Bárbara, California. Para Gomez, el terroir incluye a los animales, los campesinos y las generaciones pasadas.
Para un viajero chileno, estas bodegas no están en la ruta típica de un tour de vinos, pero si el destino es California, ofrecen una mirada distinta al paisaje vitivinícola. No hay datos de precios ni horarios, pero la experiencia va más allá de la degustación: es conocer una historia que los libros de vino suelen omitir.
Con información de Decanter



