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Noticias de turismo y los mejores lugares de Chile Chile Mié 4 Nov 2026
Cultura y Patrimonio

Un monasterio del siglo X convertido en hotel cinco estrellas en Portugal

El Monasterio de Arouca, cuna de la reina Mafalda, abre sus puertas como alojamiento de lujo y museo de arte sacro.

Redacción Portal Turismo · 3 minutos de lectura
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Un monasterio del siglo X convertido en hotel cinco estrellas en Portugal
Foto: Lídia Maria Faria / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0) · Fuente

El valle de Arouca, en el norte de Portugal, guarda un monumento que resume diez siglos de historia. El Monasterio de Arouca, considerado el mayor edificio de granito del país, fue construido en el siglo X y hoy, desde abril de 2025, funciona como hotel cinco estrellas con 53 habitaciones. Pero no todo es hospedaje: el complejo mantiene abierto un museo de Arte Sacro con unas 400 piezas —entre los siglos XIII y XIX— que se exhiben en las antiguas celdas de las monjas.

La reina que marcó el convento

La historia del monasterio está ligada a la reina Mafalda, nieta del primer rey portugués Alfonso Enríquez e hija de Sancho I. Con solo 19 años, Mafalda se instaló en Arouca después de que el papa Inocencio III anulara su matrimonio con el rey de Castilla Enrique I en 1215. El motivo: consanguinidad y la corta edad del monarca castellano, que apenas tenía 11 años. Sin hijos y sin marido, la reina impulsó la adopción de la regla del Cister en 1226 y convirtió el convento en el más poderoso de Portugal durante la Edad Media.

En su máximo esplendor, unas 130 monjas de la alta nobleza —la única clase que podía pagar la dote exigida— vivían en el ala norte, mientras las criadas y damas de compañía ocupaban el ala sur. En total, cerca de 300 personas habitaron el recinto, que contaba con diez locutorios para recibir visitas externas. La última religiosa falleció en 1876, y el monasterio, que sobrevivió a las invasiones napoleónicas, no resistió el cierre de los monasterios de clausura tras la revolución liberal.

La tumba de la reina y los dulces de las monjas

En el interior de la iglesia, que compartían monjas y seglares, destaca la doble tumba de la reina Mafalda. Sobre el suelo, una primera urna de granito guardó su cuerpo desde su muerte en 1256, a los 61 años. Encima, una segunda urna contiene una imagen en cera de la reina y un relicario con sus restos mortales, colocados en 1793 tras su beatificación. Cada 2 de mayo, los habitantes del valle celebran su festividad con devoción.

Fuera del monasterio, la repostería conventual es otro de los tesoros de Arouca. Las recetas, que las monjas elaboraban para obsequiar a autoridades civiles y eclesiásticas, se mantuvieron gracias a la familia Bastos. Desde 2016, Jorge Bastos comercializa estos dulces en una tienda frente al monasterio, siguiendo el camino que inició su padre Manuel en 1970. Hoy, Paula Silva dirige un equipo de siete mujeres y dos hombres que preparan de forma manual productos con base de yema de huevo, azúcar y almendras. Los más populares son las castañas dulces (caja de 24 piezas, 12 euros) y los charutos-roscas de almendra (caja de 9 piezas, 12 euros).

Más allá del monasterio: el puente 516 y las pasarelas del Paiva

La oferta turística de Arouca no se limita al patrimonio histórico. A pocos kilómetros, el Puente 516 —inaugurado en mayo de 2021— es uno de los tres puentes peatonales suspendidos más grandes del mundo, con 516 metros de longitud y 175 metros de altura sobre el río Paiva. Con 1,20 metros de ancho y 127 rejillas metálicas, el cruce toma al menos diez minutos y no está recomendado para quienes sufren de vértigo. El acceso está limitado a 35 personas por trayecto desde cada extremo: Alvarenga y Areinho.

Desde Areinho también se puede recorrer el Paiva Walkways, un sendero de 8,7 kilómetros inaugurado en 2015. El camino, mayormente plano tras bajar los primeros cien escalones, sorprende cuando las escaleras trepan por los acantilados de la garganta del Paiva. En el área de Vau hay una playa fluvial para refrescarse, y paneles interpretativos explican las formaciones rocosas, la flora y la fauna del lugar. La excursión termina en la aldea de Paradinha, donde la pizarra y el esquisto dominan suelos, techos y muros. El pueblo, que quedó desierto, hoy es refugio de quienes buscan descanso en una segunda vivienda.

Con información de ABC Viajar

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