8 cerros de Santiago para subir sin ser experto en trekking
Desde el Santa Lucía hasta el Cerro El Carbón, una guía con accesos, distancias y niveles para todos los públicos.
Con la primavera, los cerros de Santiago se convierten en un panorama ideal para salir de la rutina y ver la capital desde arriba. No hace falta ser experto en trekking: las opciones van desde escalinatas céntricas hasta senderos de pendiente más exigente. Acá van ocho alternativas, ordenadas de menor a mayor dificultad, con datos prácticos para elegir según el nivel de cada uno.
Cerros fáciles: del centro a la comuna oriente
El Cerro Santa Lucía, en el centro de Santiago, es la opción más urbana. Sus escalinatas, terrazas y miradores permiten recorrerlo sin salir del casco histórico; en el trayecto se pueden visitar la Terraza Neptuno, la Terraza Caupolicán, el Castillo Hidalgo y el Jardín Circular. El acceso es gratuito y la estación Metro Santa Lucía (Línea 1) tiene salida directa al parque por la Alameda.
En Recoleta, el Cerro Blanco ofrece un paseo tranquilo entre abedules y palmas chilenas, con un recorrido de ida y vuelta de unos 4,3 kilómetros. El parque tiene zonas de picnic, juegos infantiles y máquinas de ejercicio; abre de martes a domingo de 6:00 a 20:30 horas con acceso gratuito. Se llega caminando unos metros desde la estación Metro Cerro Blanco (Línea 2).
El Cerro Calán, en el sector oriente, tiene un circuito de 1,9 kilómetros casi sin pendiente, bordea cuatro miradores y regala vistas en 360° de la capital. El recorrido toma entre 30 y 60 minutos, cuenta con juegos infantiles, áreas de picnic y un sendero apto para coches y personas con movilidad reducida. Se accede en micro (C02 o C02c) desde Metro Los Dominicos (Línea 1) o en vehículo con estacionamientos disponibles en el acceso.
El gran pulmón verde de Santiago, el Cerro San Cristóbal, tiene amplias áreas verdes para caminar a ritmo pausado. Quienes busquen algo más activo pueden optar por senderos peatonales de tierra como Zorro Vidal, Mapuche o Atacameño, o subir por vías pavimentadas, funicular o teleférico. Un imperdible es el Jardín Japonés, con vistas privilegiadas y flores exóticas. Múltiples accesos urbanos: por Pío Nono en Bellavista (cerca de Metro Baquedano, Líneas 1 y 5), por Pedro de Valdivia Norte (Metro Pedro de Valdivia, Línea 1) o por el sector Zapadores (Metro Zapadores, Línea 2).
Dificultad media: naturaleza y vistas panorámicas
En Lo Barnechea, el Cerro del Medio tiene pendientes más pronunciadas pero sigue siendo accesible. Ofrece varios senderos: el que lleva el nombre del cerro tiene 1 kilómetro, mientras que Las Hualtatas y Las Pataguas alcanzan unos 1,25 kilómetros ida y vuelta cada uno. El recorrido permite conocer parte del bosque esclerófilo, con litres, espinos, maitén y quillay. El acceso es gratuito; la entrada principal está en Av. El Rodeo con Av. José Alcalde Délano.
El Parque Cerros de Renca se ha puesto de moda recientemente. Su sendero rústico de unos 3,7 kilómetros conecta la base con la cumbre, y en primavera los yuyos tiñen las laderas de amarillo. El trayecto completo toma entre 2 y 3 horas, por lo que es indispensable llevar agua, protector solar y calzado con buen agarre. El acceso principal está por Av. El Cerro (altura Manuel Rodríguez) en Renca.
El Cerro Chena, entre San Bernardo y Calera de Tango, destaca por los descensos en bicicleta y por una gran variedad de rutas. La ruta Bosque Catemito es de dificultad moderada y combina los faldeos del cerro con un sector de bosque. Para quienes busquen un desafío mayor, el Cerro Pucará tiene unos 10,1 kilómetros y toma entre 3,5 y 4 horas. Ambos tramos tienen poca sombra en algunos sectores. Aquí se puede ver el Pucará de Chena, uno de los vestigios arqueológicos incaicos más australes del antiguo Tahuantinsuyu.
Para los que quieren más pendiente
En el Cerro El Carbón la pendiente se siente de verdad. En primavera las laderas exhiben abundante flora silvestre a lo largo de un circuito de cerca de 8 kilómetros ida y vuelta que cruza los miradores Las Pircas, El Litre, Guayacán y La Montaña. A partir del mirador El Litre la subida se hace más exigente, premiando con una vista despejada de la ciudad.
Con información de Chile es Tuyo
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