Ciclismo y vino: la dupla que crece en las rutas del planeta
Reservas suben 31% y 40% en rutas europeas; te contamos qué esperar al pedalear entre viñedos.
El cicloturismo está dejando de ser una actividad de nicho. Los recorridos en bicicleta por regiones vitivinícolas registran un alza sostenida: el operador Explore Worldwide reporta un aumento de 31% en su viaje de Oporto a Lisboa y 40% en el de Lisboa al Algarve, comparado con el año anterior. La explicación, según su directora para Norteamérica, Katy Rockett, es que pedalear permite meterse en el paisaje y conectar el vino con su origen.
Provence y Mont Ventoux: dos desafíos en uno
En el sureste de Francia, la región de Provenza combina colinas suaves con el exigente Mont Ventoux, una subida que ha sido escenario del Tour de Francia. Su cima, con un paisaje lunar de piedra caliza, atrae a ciclistas que buscan esfuerzo y vistas. En las faldas, el Hôtel Crillon le Brave, ubicado en un antiguo pueblo del siglo XVII, ofrece servicios como guardado de bicicletas, alquiler y spa, además de la certificación Accueil Vélo, un sello francés para establecimientos amigables con el ciclista. Los vinos de Provenza, con sus rosados frescos, son el premio al final de la jornada.
Portugal: sudor y vino de Oporto en el Duero
En Portugal, el Valle del Duero, reconocido como patrimonio de la humanidad, es para ciclistas que no temen a las pendientes. Sus laderas empinadas están cubiertas de viñedos que producen el famoso vino de Oporto y tintos de mesa. La recompensa, tras subir y bajar entre terrazas de pizarra, son las vistas del río y las bodegas históricas, como las de Symington Family Estates, que incluye la Quinta do Vesúvio, con más de 800 acres y origen en el siglo XVI. La dureza del terreno se compensa con catas que invitan a seguir pedaleando.
Stellenbosch y Franschhoek: playa y montaña en Sudáfrica
En la provincia del Cabo Occidental, en Sudáfrica, Stellenbosch ofrece rutas de carretera, gravel y cientos de kilómetros de senderos para mountain bike. El paso Helshoogte conecta con Franschhoek, donde los caminos son más planos y bordeados de viñedos. En el camino se pueden visitar bodegas como Delaire Graff, con suites y villas con piscina privada, o la histórica Boekenhoutskloof, ideal para degustar Cabernet Sauvignon, Syrah y Semillon. Esta región combina el clima costero con la montaña, un mix que gusta a los ciclistas.
La tendencia crece también gracias a las bicicletas eléctricas, que han ampliado el público, según Dagmar Lombard, gerente del Hôtel Crillon le Brave. Para el viajero chileno, estas propuestas implican un viaje intercontinental; la planificación requiere tiempo y presupuesto, pero la experiencia de rodar entre viñedos y catar el producto en su origen justifica el esfuerzo.
Con información de Wine Enthusiast



