Annapolis Valley: el valle de Nueva Escocia que apuesta por el espumoso
La Bahía de Fundy y sus mareas modelan un terroir de espumosos que ya suma medallas.
En el oeste de Nueva Escocia, al este de Canadá, el valle de Annapolis es una de esas regiones que el turismo masivo todavía no descubre por completo. Delimitado por las montañas Norte y Sur, este valle concentra alrededor de una docena de bodegas familiares, muchas con agricultura regenerativa, en torno a los pueblos de Grand Pré y Wolfville. El viento que corre entre sus laderas, producto de las mareas extremas de la cercana Bahía de Fundy, mantiene las viñas limpias de enfermedades y mitiga el frío del invierno.
El valle no es solo vino. La zona cuenta con el Paisaje de Grand Pré, declarado por la UNESCO, la propia Bahía de Fundy y la ruta escénica Evangeline Trail, donde se mezclan cabañas de langosta y fuertes históricos. A pesar de estar en pleno verano, el ambiente se mantiene tranquilo, lejos de las multitudes.
El sello de Tidal Bay
En 2012, la denominación Tidal Bay nació para agrupar vinos blancos y espumosos de alta acidez y mineralidad, con un grado alcohólico bajo, cerca del 11%. Actualmente, esa etiqueta representa cerca de la mitad de la producción del valle. La mayoría de los espumosos de la zona pasa entre tres y cuatro años sobre lías, incluso los no vintage.
A diferencia de otras regiones, aquí conviven uvas híbridas como L’Acadie Blanc, Lucie Kuhlmann y Ortega, junto a Chardonnay y Pinot Noir. El resultado ha llevado a comparar la región con el sur de Inglaterra, pero con un carácter propio.
Seis bodegas para una ruta
Benjamin Bridge, con su espumoso Nova 7, lanzado en 2008, puso el valle en el radar. Su sala de degustación, abierta todo el año, mira hacia el subvalle de Gaspereau. Domaine de Grand Pré fue la primera granja vinícola del Atlántico canadiense y hoy ofrece alojamiento en una mansión restaurada del siglo XIX. Lightfoot & Wolfville, con casi cuarenta acres certificados orgánicos y biodinámicos, produce un Gamay Noir y un Kékfrankos que llaman la atención.
L’Acadie Vineyards, de treinta acres, fue pionera en método tradicional y su Prestige Brut pasó cinco años sobre lías. Planters Ridge, en un granero de 170 años, ofrece un tinto llamado Quintessence y una terraza con vista panorámica. Blomidon Estate, cerca de la costa, elabora unas 60.000 botellas anuales, con una acidez que las hace aptas para guardar.
¿Y desde Chile?
Para un viajero chileno, Annapolis Valley no es un destino de fin de semana. No hay vuelos directos desde Santiago y llegar implica combinaciones aéreas. Pero si el objetivo es descubrir una escena vitivinícola emergente, con identidad propia y lejos de las rutas habituales del vino, esta región puede ser una buena excusa para armar un viaje por Canadá. En verano, las bodegas abren a diario, y se puede recorrer el valle en bicicleta desde Wolfville o contratar un tour como el de Wine & Vine Tours.
Con información de Decanter



