Hoteles base: la nueva fórmula para viajar por Europa sin vivir arrancando
El periodista Damián Umansky propone quedarse varios días en una ciudad y recorrer los alrededores sin cambiar de hotel.
El viaje clásico por Europa tiene un guion conocido: tres noches en Roma, dos en Florencia, tres en París y dos en Londres. Muchos lugares, muchas fotos y una pregunta que queda flotando al volver: ¿cuánto tiempo disfrutamos realmente cada destino? El periodista de viajes Damián Umansky plantea una alternativa para el viajero senior: elegir una ciudad como base y desde ahí recorrer la zona, sin cambiar de hotel cada dos días.
Menos mudanzas, más barrio
La lógica es simple. Cada cambio de ciudad implica check-out, traslado a la estación o aeropuerto, esperas, viaje, llegada, check-in y volver a ordenar las pertenencias. Esa mudanza puede consumir media jornada. Al hacer base durante cinco o seis noches, la habitación deja de ser un simple lugar para dormir y el viajero empieza a sentirse un poco vecino: tiene un café preferido, un supermercado conocido, una plaza donde sentarse.
Umansky aplica esta idea a varios destinos europeos. En Niza, por ejemplo, propone quedarse cinco o seis noches para recorrer la Costa Azul. Desde ahí se puede ir por el día a Mónaco, Menton (ya en la frontera con Italia), Antibes, Juan-les-Pins o Cannes. También se puede combinar una jornada entre Èze y Villefranche-sur-Mer. Al final del día, se vuelve a Niza, a cenar tranquilo o caminar por el Paseo de los Ingleses, sin pensar en la valija del día siguiente.
Londres, Milán y Bari como punto de partida
La misma receta funciona en Londres. Con seis o siete noches se pueden ver los atractivos principales y dedicar una o dos jornadas a Windsor, Oxford, Cambridge, Brighton o Bath. En el norte de Italia, Milán —normalmente tratada como ciudad de paso— sirve como base para conocer el Lago de Como (con Bellagio y Varenna), Bérgamo, Turín o Pavía. Y en el sur, Bari es el punto ideal para recorrer Puglia: Alberobello con sus trulli, Polignano a Mare, Monopoli, Ostuni o incluso Matera, que aunque está fuera de Puglia, queda cerca.
La ventaja no es solo logística. Al volver cada tarde al mismo lugar, el viajero puede decidir según el clima, el cansancio o las ganas. Y si un día prefiere no salir, se queda en el barrio. En Sorrento, en el Golfo de Nápoles, Umansky recomienda al menos cuatro o cinco noches. Desde ahí se organizan excursiones a Positano, Amalfi, Ravello, Capri, Pompeya o el Vesubio.
¿Y para el chileno?
Esta filosofía no requiere vuelos especiales ni destinos secretos: son ciudades con conexión aérea desde Chile, aunque no hay vuelos directos. Niza, Londres, Milán, Bari y Sorrento se alcanzan con escala en Europa. La propuesta apunta más bien a un cambio de ritmo, ideal para quienes ya no quieren vivir las vacaciones como una carrera contra el reloj.
Con información de Infobae Turismo
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