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Noticias de turismo y los mejores lugares de Chile Chile Vie 9 Oct 2026
Rutas y Escapadas

Tartu 2024, capital cultural europea, con torre más inclinada que Pisa

La segunda ciudad de Estonia fue capital cultural europea 2024: más de 20 museos, sauna flotante y ambiente universitario.

Redacción Portal Turismo · 4 minutos de lectura
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Tartu 2024, capital cultural europea, con torre más inclinada que Pisa
Vía ABC Viajar

Tartu no es la capital de Estonia, pero en 2024 su capitalidad cultural se proyectó a toda Europa. Es la segunda ciudad más grande del país, su corazón universitario, con teatro, conciertos, festivales, conferencias y más de 20 museos.

La Unesco la reconoció como Ciudad de la Literatura en 2015 y desde entonces integra la Red de Ciudades Creativas. Para un chileno, llegar no es directo: hay que armar una escala en Europa, aunque bien vale la pena quedarse un par de noches. También hay sauna flotante sobre el río y una vida universitaria que se enciende de noche.

Sube a la colina Toome

El parque histórico de la ciudad es la colina Toome, donde se levantan las ruinas de la catedral de Tartu, comenzada en el siglo XIII y terminada a principios del XVI. Quedó abandonada tras la Reforma y hoy es uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica de ladrillo de la antigua Livonia, la región histórica que ocupaba lo que hoy son Estonia y Letonia.

Desde sus torres, habilitadas como mirador, se ve la ciudad y el valle del río Emajogi. Dentro del mismo edificio funciona el Museo de la Universidad de Tartu, que repasa la historia de la ciencia, la educación universitaria y el espíritu académico de este destino. Si el paseo es de noche, una instalación lumínica resalta el parque entre la naturaleza y le da un aire casi mágico.

La plaza del Ayuntamiento y su torre torcida

La plaza del Ayuntamiento es el corazón de la ciudad y cambia con cada estación: en invierno se transforma en pista de patinaje sobre hielo y en verano se llena de terrazas, música callejera y eventos. El edificio del ayuntamiento, con su fachada en tonos pastel y data del siglo XVIII, es el más destacado; justo enfrente está la Fuente de los estudiantes que se besan, una escultura que se convirtió en símbolo de Tartu.

Pero lo que nadie pasa por alto es la Torre inclinada de Tartu, un edificio que parece a punto de caerse. Se construyó en 1793 con una base mixta: un lado quedó apoyado sobre los restos de la muralla medieval, con cimientos robustos; el otro se asentó sobre pilotes de madera en un terreno blando y pantanoso. Cuando el nivel freático bajó, los pilotes se pudrieron y el edificio empezó a ceder de ese lado.

En los años 80 lo intervinieron para frenar el derrumbe y dejaron la inclinación actual de 5,8 grados, casi dos más que la Torre de Pisa. Hoy el edificio alberga el Museo de Arte Contemporáneo, con obras de los siglos XX y XXI de artistas estonios y de otras partes del mundo.

Museos para armar una ruta

En el casco antiguo, el Museo del Juguete guarda una colección de juguetes con los que crecieron los niños estonios: muñecas de autor, recuerdos de otros países y juguetes tradicionales fino-ugrios. En un edificio anexo se exhiben marionetas de películas estonias de animación y hay exposiciones temporales.

Bajo el museo está el Teatri Kodu, un espacio inspirado en la infancia, los juegos, los sueños y las fantasías que cobran vida. Ahí se presentan obras de teatro, los vecinos pueden organizar sus propios espectáculos y también hay manualidades, un teatro de marionetas automatizado, talleres infantiles y exposiciones.

El Museo Nacional está en una antigua pista de aterrizaje de aviones y es el más grande del país, con cerca de 6.000 metros cuadrados. Su exposición permanente ocupa 3.781 metros cuadrados y cuenta, desde un enfoque etnográfico, la vida cotidiana de los estonios a lo largo de los siglos, con un apartado para los pueblos hermanos fino-ugrios.

La visita es interactiva: los visitantes pasan su ticket por tablets instaladas frente a las obras y pueden leer la información en varios idiomas o guardarla con un código QR para revisarla en casa. El recinto también tiene restaurante, tienda, zonas verdes y senderos para caminar alrededor de un lago. Con esa mezcla de historia, arte y vida universitaria, Tartu se defiende sola para un viaje de dos noches.

Con información de ABC Viajar

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