Barcelona usa un algoritmo para repartir a los turistas por la ciudad
La página oficial de turismo de Barcelona arma recomendaciones personalizadas para alejar a los visitantes de la Sagrada Familia.
Barcelona (Cataluña, España) cambió la manera de mostrar la ciudad. Quienes entran a su página de información o a su aplicación ya no reciben el mismo contenido: cada turista ve recomendaciones armadas para él, con un objetivo claro: moverlo fuera de los puntos más colapsados y acercarlo a lugares menos conocidos.
El diagnóstico detrás del proyecto es contundente: “Barcelona tiene un problema gigantesco de reputación turística”. La lectura que hacen desde la ciudad es que el problema no es la cantidad de visitantes, sino la forma en que esos visitantes se mueven. Todos siguen los mismos trayectos y llegan a los mismos lugares. Si el problema es la ruta, la ruta se puede cambiar.
Adiós al folleto único
El sistema tradicional de información turística cumplía una función, pero también empujaba a los viajeros casi inevitablemente hacia la Sagrada Familia. Ese templo concentra multitudes y es difícil evitar las aglomeraciones ahí. El algoritmo no promete vaciarlo: estudia el perfil y los gustos del viajero, y a partir de eso lo redirige hacia nichos de producto distintos. No se trata de ocultar el monumento, sino de diversificar la oferta antes de que el viajero arme su recorrido.
Según esta lógica, la saturación se combate diversificando los recorridos, no necesariamente cerrando accesos. Barcelona mantiene las mismas políticas para desincentivar visitas que ya aplicaba hace diez años. Lo nuevo es el intento de vender lo menos conocido y de generar circuitos que queden lejos del producto de masas. Ese giro no elimina las medidas anteriores: las acompaña con otra oferta.
El objetivo no es esconder los íconos ni renunciar a los lugares famosos; se trata de agrandar el mapa de opciones. La ciudad sigue siendo la misma, pero el itinerario que se arma antes de viajar deja de ser único.
La apuesta por repartir la visita
El proyecto se llama This is Barcelona y no se limita a entregar datos: también vende entradas para espectáculos y atracciones de la ciudad. Es decir, la misma plataforma que recomienda rutas alternativas funciona como punto de venta de la oferta cultural.
Tailandia está experimentando una fórmula parecida. La idea de fondo es la misma: en lugar de discutir si llegan demasiados turistas, el foco está en abrir nuevos cauces de visita. No se trata de cerrarle la puerta al turista, sino de darle opciones distintas.
El proyecto catalán está en pleno desarrollo y se seguirá adaptando a medida que acumule información de los turistas. Como muchas aplicaciones digitales, es un modelo que se autocorrige. La comparación con Tailandia refuerza esa lectura: el problema no es el volumen global, sino los mismos trayectos.
Qué le sirve al viajero chileno
Para el viajero chileno, esta información no incluye vuelos, precios ni tiempos de viaje; el interés está en el modelo de gestión.
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