Kawésqar: 7.000 años de vida marítima que el turismo debe conocer
La comunidad kawésqar defiende 7.000 años de vida en el mar y explica por qué el turismo respetuoso cabe, pero la salmonicultura no.
La Región de Magallanes no es solo paisaje. Es el territorio de la Comunidad Indígena Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar, que acaba de publicar un artículo de opinión donde pone las cartas sobre la mesa para quienes viajan a sus canales. El texto, titulado ‘Usos consuetudinarios o lo que significa vivir el mar’, reivindica más de 7.000 años de vida marítima y deja en claro qué actividades son bienvenidas en su borde costero y cuáles no.
Una cultura viva, no un espectáculo
La comunidad aclara que sus usos consuetudinarios no son folclore que se muestra en una fecha ni una costumbre del pasado que se recuerda con nostalgia. Son prácticas que se mantienen hoy: navegar en canoas como pueblo canoero, pescar lo justo —cuando hace falta, para seguir camino—, recolectar mariscos en la marea baja, bucear en apnea como bucearon sus abuelas, tejer el junquillo y tomar del bosque alimento y medicina. También está encender fuegos donde hubo campamentos antiguos para transmitir a los niños la memoria de quiénes son.
La comunidad explica que cada una de estas prácticas es una hebra de una cosmovisión donde todo está conectado. ‘El mar y la tierra no son dos cosas: son un mismo cuerpo del que formamos parte’, escriben. Por eso, ‘dañar el agua es dañar al pez, y dañar al pez es dañarnos’.
Turismo respetuoso sí, salmonicultura no
El artículo es tajante en su propuesta de convivencia. La comunidad afirma que su forma de vivir el mar es compatible con la pesca artesanal, la pesca recreativa, la navegación, la investigación científica y, especialmente, el turismo que respeta el lugar. ‘Un Espacio Costero no expulsa a nadie ni levanta un cerco sobre las aguas’, sostienen, y desmienten que su reconocimiento signifique cerrar el mar.
La única actividad que consideran incompatible es la salmonicultura. No la rechazan por competencia, sino porque rompe el círculo ecológico. Sus centros de cultivo cargan el agua de materia orgánica hasta dejar el fondo sin oxígeno, vuelcan antibióticos que alteran la vida marina y sus escapes de salmones golpean a las especies nativas de las que dependen. ‘Donde eso ocurre, el mar deja de ser el mar que conocemos’, advierten.
Lo que el viajero debe saber
Para el viajero que llega a la Patagonia, este mensaje es una guía directa de cómo relacionarse con el territorio. La comunidad kawésqar no pide cerrar el mar, sino que se reconozca un uso ancestral que sigue vigente. En las próximas semanas, el Estado vendrá a comprobar estos usos, no como un catálogo de costumbres pintorescas, sino como una vida entera que sigue en pie.
La invitación para el turista es clara: conocer esta cultura con respeto, entendiendo que el turismo puede ser parte de la solución si se alinea con quienes han habitado estos canales por más de siete mil años. La comunidad ya dijo con qué actividades se puede convivir. Ahora la decisión está en manos de quienes visitan la región.
Con información de El Ciudadano
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